Los monstruos, villanos y vampiros no solo están en la ciencia ficción.

En el mundo animal -y vegetal- hay depredadores que, dada su forma de atacar las víctimas, pueden quitarle el sueño a cualquiera.

Aquí te presentamos ocho de ellos.

Pinzón vampiro (Geospiza difficilis septentrionalis)

A simple vista, el pinzón vampiro es igual a su primo come semillas.

La guarida de este villano bien se merece su propia novela.

Aislado por 1.000km de océano en todas las direcciones, la isla Wolf reposa siniestramente en el Pacífico.

Es la más lejana de las Galápagos y está regida por “vampiros”.

El pequeño pájaro de apariencia ordinaria es un familiar cercano de su vecino comedor de semillas, el Pinzón terrestre de pico afilado.

Pero las apariencias esconden un oscuro secreto. Si bien el pinzón vampiro también come semillas, se ha adaptado a la vida de la isla volcánica -de manglares y un calor brutal- dando un uso más violento a sus picos.

Para alimentarse, sencillamente se sube a un ave más grande, como el piquero patiazul, y pica en las plumas de la cola hasta que se sientan en una piscina de sangre.

Quizás el aspecto más siniestro de todo esto es que las víctimas apenas se inmutan cuando los pinzones están rasgando su piel.

Redúvidos (Reduviidae family)

Hay unas 7.000 especies de redúvidos.

En bosques y selvas de todo el mundo, un asesino a sangre fría acecha en la noche.

Las bien llamadas chinches asesinas lo tienen todo: sigilo, estrategia y un arma mortal.

Son unas 7.000 especies y tienen una dieta muy variada. Algunas tienen gusto por las abejas, mientras que otras -confusamente- chupan la sangre que han chupado los murciélagos vampiros.

Todas están equipadas por una siniestra herramienta multi usos, su boca picadora-chupadora.

Mientras otros depredadores se toman la molestia de matar a sus presas, los insectos asesinos utilizan su boca para inyectar un cóctel de enzimas a las víctimas vivas y las digieren de adentro hacia afuera.

Cuando el animal en cuestión se convierte en sopa, el pico del insecto se convierte en una pajita (pitillo, sorbete o popote) para chupar el líquido.

Desafortunadamente los humanos no se escapan de la atención de estos bichos.

Durante miles de años la vinchuca o chipo ha estado tomando nuestra sangre.

En el mundo anglosajón se le conoce como el “bicho besucón” (kissing bug) por su feo hábito de picar en la cara de las personas mientras duermen.

Estos insectos son transmisores de la enfermedad mal de Chagas.

Araña saltadora keniata (Evarcha culicivora)

A esta araña solo le gustan los mosquitos hembra llenos de sangre humana.

Es difícil no sentir lástima por la araña saltadora keniata.

No hay nada que le guste más a este arácnido que acecha en las paredes de las casas del lago Victoria (rodeado por Uganda, Tanzania y Kenia) que una refrescante bebida de sangre humana.

Pero el destino le ha jugado una mala pasada; estas arañas carecen de un instrumento que les permita perforar la piel de las personas.

Esto les obliga a aprovecharse de intermediarios. Cazan mosquitos llenos de sangre.

Son los únicos animales conocidos que cazan basándose en lo que sus víctimas han comido, y son extremadamente exigentes.

Puestas a escoger, sólo comen los mosquitos hembra Anopheles gambiae, el principal vector de la malaria en África.

Y escoger solo una especie de la multitud de insectos en la región no es poco.

Estas arañas distinguen los mosquitos Anopheles por el ángulo de 45 grados de su cuerpo mientras descansan. Y solo por el olor pueden distinguir un mosquito que está lleno de sangre humana de uno que no.

Piojo come lengua (Cymothoa exigua)

El Cymothoa exigua nace como macho y se convierte en hembra cuando se alimenta de la lengua de su víctima.

En enero de 2015 una mujer en Nottingham, Inglaterra, abría una lata de atún cuando descubrió un par de ojos pequeños y brillantes que la miraban de vuelta.

El instigador resultó ser un Cymothoa exigua; un piojo con una vida tan espeluznante, que no le tendrás simpatía.

El parásito empieza la vida como un macho en busca de un pez.

Una vez que encuentra a la víctima adecuada, entra a través de las branquias, gatea hasta la boca y empieza la transformación.

Hunde sus piernas en la base de la lengua del pez y se atiborra de su sangre, creciendo enormemente y al mismo tiempo convirtiéndose en hembra.

Sus ojos se encogen y sus piernas se expanden.

Con el tiempo, la lengua seca del pez se cae y el piojo la reemplaza con su propio cuerpo.

A partir de ese momento el pez utiliza el parásito como una prótesis de lengua.

La hembra se aparea con machos que viven en las branquias dando una nueva camada de parásitos macho que se van nadando para empezar en otro pez el macabro proceso.

Polilla vampiro (Calyptra thalicri)

Estas polillas no van por el néctar.

Pueden parecer inofensivas, pero no todas las mariposas van detrás del néctar.

Las Calyptra se encuentras por toda Europa donde mayormente utilizan sus bocas punzantes para tomar de las flores y taladrar la piel de la fruta.

Pero algunas han evolucionado en unas ambiciosas chupa sangre.

Las Calyptra thalictri siberiana utilizan sus lenguas largas y punzantes para tomar sangre de los vertebrados, incluyendo humanos.

Las polillas Calyptra macho de Asia se alimentan de presas gigantescas, como ganado, rinoceronte e incluso elefantes.

Pez vampiro (Vandellia cirrhosa)

En los años 90 este pez se convirtió en una leyenda urbana con la historia de un hombre que descubrió este animal en su uretra.

Muévanse pirañas que aquí está la pequeña y translúcida Candirú (como también se le conoce), nativa de la cuenca del río Amazonas.

Es la peor pesadilla de los viajeros.

Este voraz bagre puede retorcerse en los orificios más diminutos y aferrarse con sus espinas.

Algunas especies son solo de un centímetro de largo, aunque pueden crecer hasta 40cm.

En los años 90 el Candirú se hizo leyenda cuando se dio a conocer la historia de un hombre al que le encontraron este pez en su uretra.

Menos mal que, casi seguro, se trata de un mito urbano.

La mayoría de las veces estos peces se aferran en las branquias de otros bagres, aunque algunas veces se han registrado casos en que se meten por las heridas abiertas.

Bacteria vampiro

Esta bacteria es de los vampiros buenos.

Micavibrio aeruginosavorus es el depredador más pequeño del mundo.

Esta bacteria en forma de renacuajo se alimenta de otra bacteria, hundiendo sus “dientes” en las paredes de la célula y sorbiendo sus lados.

Se descubrió hace 30 años, pero ha sido difícil de estudiar porque en el laboratorio se contamina con la bacteria de la que se alimenta.

“Le puedes dar todos los nutrientes que necesita para sobrevivir y sencillamente no crecerá”, explica Martin Wu, profesor de biología de la universidad de Virginia.

Pero este vampiro es uno de los buenos.

Su comida favorita es el patógeno Pseudomonas aeruginosa, responsable de letales infecciones en los pulmones de pacientes con fibrosis quística.

El P. aeruginosa es difícil de tratar porque normalmente se esconde en las paredes detrás de un pegamento pegajoso que es resistente a los antibióticos.

Pero el M. aeruginosavorus puede nadar a través de estas películas biológicas, matando la bacteria que los fármacos no pueden atacar.

Cuscuta genus

Ninguna novela de terror se compara a los que hace esta planta.

Los monstruos de la novela de ficción “El día de los trífidos” no son nada en comparación con esta maleza alienígena.

Esta planta olfatea a sus víctimas, les susurra hasta llevarlas a un sueño ligero para comérselas vivas.

Si bien la cuscuta se encontraba solo en Europa, ahora crece en casi todos los continentes.

Como todas las plantas, la Cuscuta es capaz de absorber la energía del Sol, pero sencillamente no lo hacen.

En vez de crecer lejos de la sombra, como la mayoría de las plantas, la cuscuta utiliza las mismas señales de luz para crecer hacia la sombra, y en el camino de una posible víctima.

“Al mismo tiempo parecen poder detectar la esencia de las plantas”, explica Jim Westwood, profesor de patología de plantas en Virginia Tech. “Esto es lo que les puede ayudar a elegir (un objetivo)”.

Una vez que encuentra un huésped, toma casi toda su comida pinchando las venas de la planta con unas ventosas especiales.

Pero el parásito necesita saber cómo le va a su huésped, así que también piratea su “internet” local y se roba mensajes codificados de ARN.

Habla con ellos mientras se alimenta, enviando sus propios mensajes de ARN.

“Todavía no sabemos lo que se están diciendo, pero no permite que el huésped bloquee el suministro de alimento”, aclara Westwood. “Puede que esté manipulando directamente al huésped”.