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Dan lustre a joya colonial en el Estado de México

Dan lustre a joya colonial en el Estado de México

Restauran la portada de la iglesia principal del municipio de Aculco y su Portal de peregrinos, obras que datan del siglo XVII

En 1954, cuando la historiadora del arte Elisa Vargaslugo definía las características de la vicaría de Aculco, se topó con un enigma que aún sigue sin resolverse. El quinto cuerpo de la fachada de la iglesia barroca construida en el siglo XVII, lucía un “hermoso relieve de máximo interés” que describe una escena de la vida de Santa Rosa de Lima, santa criolla, peruana, ligada a la orden dominicana, antes que a la franciscana a quien se correspondió la fundación de ese curato.

La investigadora se preguntaba entonces cómo siendo dos órdenes religiosas entre las “que en el fondo hubo siempre una pugna por la supremacía”, pudo ubicarse una obra artística de raíz dominica en el lugar principal del templo franciscano. Ante la falta de elementos, la investigadora dejó el misterio en el aire y se centró en las características artísticas del edificio.

Tanto el relieve como los detalles han recobrado parte de su brillo original gracias a un esfuerzo conjunto entre el gobierno local y el apoyo financiero de la Federación. Con una inversión de un millón de pesos aportados por el municipio de Aculco y otra parte igual entregada por el Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (Foremoba), la portada principal de la iglesia de San Jerónimo, su antiguo portón de madera y su Portal de peregrinos han sido sometidos a dos etapas de restauración encabezadas por el arquitecto Lázaro Frutis.

La vicaría de Aculco, explicó Frutis antes de la entrega de las obras concluidas a la comunidad aculquense, tuvo su cabecera en Huichapan, Hidalgo, y jugó un importante papel en la evangelización de la población otomí que ahí residía. La portada, que con seguridad fue concluida en el siglo XVII, pero que conserva elementos del XVI como dos gárgolas, algunos capiteles y el relieve de Santa Rosa, reviste importancia debido a que se trata de un ejemplo del mestizaje: mano de obra indígena bajo los cánones de construcción española.

“Aquí —dice Frutis— había una gran población de otomíes y los franciscanos llegaron a evangelizarlos, esa fue la mano de obra  que trabajó el convento en todos sus componentes”.

Ubicado a 135 km de la Ciudad de México, Aculco es uno de los más de 60 sitios que fueron incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como parte del Camino Real de Tierra Adentro. En la misma cabecera se conservan los restos de la antigua Hacienda de Arroyozarco, un sitio fundamental en la ruta que seguía a Santa Fe, en EU.

En Aculco, dice Frutis, “se conserva una de las fachadas más hermosas y estilísticamente importantes en el norte del Estado de México, es arte del siglo XVII con características del XVI”. La fachada está integrada por cinco cuerpos con dos hileras sucesivas de columnas a cada lado entre las que se ven dados de piedra labrados que “recuerdan” el arte plateresco del siglo XVI.

De ahí fue retirado un pergamino de piedra colocado en 1914, dos años después del terremoto de Acambay; también fueron estilizadas las juntas de la portada y limpiados todos sus elementos; a su portón se reintegraron piezas de cedro blanco que fueron pegadas con cola de conejo, un pegamento que se usó en el virreinato y se le aplicó un sistema antiincendios. El Portal de peregrinos ha sido reforzado en toda su viguería y se aplicó un tenue color marfil a la fachada para darle un toque más original.

Las autoridades de Aculco se han comprometido a reservar recursos para una tercera etapa de restauración. El siguiente paso, explica Frutis, será atender la torre de la iglesia, las tres capillas pozas que se conservan y un muro que resguarda un nicho con una imagen mutilada de San Francisco de 1742.

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Excelsior 

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