Por: Maricela Gastelú

Le puedo disculpar que sea feo, sin instrucción académica, que le vaya al América, bueno, hasta que sea priista, pero… ¿Impuntual? Eso ¡Jamás! La mayoría de los políticos desarrollan a los pocos días de haber tomado protesta del cargo la capacidad de llegar tarde a todos lados, como si la reunión no pudiera empezar hasta que él o ella llegue (lamentablemente hay eventos donde sí son imprescindibles) pero eso no implica que puedan llegar a la hora que se les venga en gana y pensar erróneamente que todos tenemos su tiempo.

La puntualidad es la mejor carta de presentación de un político, implica el respeto al tiempo ajeno sin importar el grado jerárquico o la posición social, sencillamente es un ser humano con ocupaciones y eso debe ser respetado.

Hay políticos que además de darse el lujo de llegar tarde, todavía señalan que vienen de una “importante reunión” como por ejemplo:

-Amigas y amigos, disculpen la demora pero vengo de un desayuno con el Gobernador, quien además, les envía un afectuoso saludo.

Lo que realmente ese político acaba de decir, es que para él, el Gobernador es más importante que todas las personas reunidas en ese lugar horas antes; la gente lo nota e inmediatamente se cruzan de brazos como diciendo “a mí me importa un pepino su gobernador” y ¿sabe qué? ¡Tienen razón!

Es también común en la vida política llegar tarde a los eventos y hacer esperar a los periodistas y medios de comunicación hasta 3 horas  ¿Por qué? Pues porque existe la absurda creencia de que si los hace esperar los agarra cansados y preguntarán menos. ¡No señores! Los periodistas profesionales tienen una loable resistencia a la estupidez política y lo único que harán con esos retrasos es provocar el enfado del profesional de la comunicación. Y ¿sabe qué? ¡También ellos tienen razón!

El mundo no gira alrededor de la vida de los políticos. Me ha tocado conducir eventos donde pese a haber sido citados a una hora, los diputados gozan de llegar después de iniciado el evento y envían a sus emisarios privados (también conocidos como carga maletas) a informar al maestro de ceremonias, locutor o conductor (que no es lo mismo) la llegada de su “Alteza Serenísima” y la obligación del orador de mencionar que “ya se encuentra con nosotros Lord o Lady Diputado(a)”. La verdad, a una servidora le tiene sin cuidado si es el Presidente en persona, si llegó tarde se aguanta y se queda sentado sin mención entre el resto de nosotros, los plebeyos.

La sociedad mexicana está malacostumbrada a rendir pleitesía a la clase política, como otrora le rindieron a los españoles, franceses, alemanes o cualquiera que llegara con aires de grandeza y esto, tiene que acabar de una vez por todas. El político tiene que respetar al ciudadano y el ciudadano tiene que respetar al político pero no por ser servidor público sino porque también es un ser humano.

Sin embargo, el respeto y la confianza tienen que ganarse y la puntualidad es el primer paso para romper una histórica separación entre el político y el ciudadano. En la medida que respetemos el tiempo del prójimo damos la mejor tarjeta de presentación en sociedad: la puntualidad. Sin ella, podrán venir candidatos ciudadanos, independientes, sin partido, pero si son impuntuales, no sólo son iguales a los que los precedieron sino que pueden ser peores.

Maricela Gastelú.Maricela Gastelú

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