¿A quién no le gusta el mamón? Es tan delicioso que podríamos pasar horas chupando su semilla hasta desprender el último pedacito de su jugosa carne. Quizá el nombre no te resulte familiar, tal vez lo conozcas como maco, huaya, quenepa, mamoncillo o papamundo. El mamón es un árbol que crece en las regiones tropicales de América y su fruto tiene el mismo nombre. Probarlo resulta una delicia para el paladar de cualquiera.
Esta fruta exótica es pequeña y redonda. Su exterior es verde; y en su interior, su pulpa traslucida de color amarillento recubre una semilla grande y blanca. Aun cuando crece en racimos, no podemos caer en la tentación de agarrar varios mamones a la vez y meterlos en la boca de manera precipitada. Debemos ser cuidadosos al momento de comer esta fruta para no atragantarnos con su enorme hueso, algo que no sólo sería desagradable sino extremadamente peligroso.

Comúnmente, los mamones son arrancados directamente del árbol para ser consumidos por las personas. Esa sensación de morder la crujiente cáscara con los dientes y “destapar” la fruta es, sencillamente, maravillosa. Sin embargo, también hay quienes preparan jugos con la pulpa, o utilizan sus hojas cocinadas en agua para curar problemas de nerviosismo y bajar la fiebre. Aunque la cantidad de carne es poca, los beneficios que se esconden dentro de esa concha dura son innumerables.

El mamón tiene un alto contenido en vitamina A, que es vital para el cuidado de la vista, así como vitaminas B1, B3, B6 y B12. También es rico en vitamina C, lo que resulta beneficioso para las vías respiratorias. Además, contiene mucha vitamina E: un antioxidante natural que nos ayuda a mantener la piel hidratada y permite que nuestro cabello luzca hermoso. Por otro lado, tiene minerales como el hierro, el calcio y el fósforo; ácidos grasos insaturados y aminoácidos.

Esta fruta está indicada en aquellos que sufren de hipertensión o que retienen líquido, pues tiene un poder depurativo y diurético tremendo, lo que a su vez permite eliminar toxinas de nuestro cuerpo. Igualmente, ayuda a desinflamar la vejiga y mejora el funcionamiento de los riñones. Asimismo, es ideal para combatir la diarrea y tener una buena digestión. También aumenta nuestras defensas, ayudando a prevenir gripes; y activa nuestro sistema inmunológico, evitando la proliferación de bacterias. El mamón contiene fibra. Esto es maravilloso para calmar nuestro apetito, pues nos da sensación de saciedad.

El truco para poder disfrutar este alimento está en chuparlo con cuidado hasta poder retirar la totalidad de su pulpa. Luego de probarlo, te aseguro que soñarás con tener un árbol de mamón en tu casa. Ese sabor entre ácido y dulce convierte esta fruta en todo un vicio. Y es que, cuando de mamones se trata, uno sólo no es suficiente.

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