Por Mónica Fragoso

El día de ayer conmemoramos el día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer y es necesario hablar de una forma de violencia de la cual se habla muy poco, incluso mucha gente no sabe que existe y esa es la violencia política.

La violencia política es una forma de violencia de género, cometida contra las personas activas en la vida pública, transformándose en una barrera fundamental para la participación de las mujeres en la toma de decisiones públicas, este tipo de violencia refuerza los roles de género tradicionales, donde las estructuras políticas son dominadas por los hombres, socavando así la calidad de la democracia y el pleno desarrollo de los derechos humanos de las personas; la violencia política es un problema generalizado desde los niveles municipales hasta el nivel federal.

Para entender un poco este panorama, revisemos algunas cifras, según la Organización de las Naciones Unidas, hay 37 países donde las mujeres representan menos del 10% del total de los parlamentos. En México nunca habido una presidenta de la República, aunque si han existido candidatas; sólo siete mujeres han ostentado el cargo de gobernadoras, pero actualmente sólo existe una en funciones, en la Cámara de Diputados gracias a las últimas reformas relativas a la paridad, existe una tendencia que va a la alza, pues en el año 2000 existía una representación femenina del 24% y actualmente es del 42%. De igual manera podemos referir aquellas mujeres (principalmente indígenas) que han querido participar en cargos de elección popular mediante algunas postulaciones y las cuales han enfrentado casos de amenazas y vejaciones como en Chiapas o Oaxaca.

Observando esta problemática, podemos sostener que una sociedad no puede ser igual, mientras no se equilibren los espacios de participación democrática, por ello resulta indispensable no solo seguir buscando prevenir, tratar y sancionar cualquier tipo de violencia; en el caso de la violencia política hay mucho por hacer, pues en México no está debidamente tipificada en las leyes federales y estatales, incluso en países como Bolivia, que es pionero en este tema existe toda una ley que no solo la regula sino la castiga, por ello urge  que se legisle, pues mientras no existan mecanismos que la prohíban existirán personas en el ejercicio del poder público presionando, persiguiendo, hostigando y amenazando a una mujer con la finalidad de inducirla a tomar decisiones en contra de su voluntad y de sus principios éticos políticos; lo que no ayuda a nuestra sociedad y lo que no permite que tengamos una democracia o un ejercicio de la política de altura.

Monica

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