Si piensas que en el amor no hay nada peor que la mentira, imagina que, además, detrás de la traición estuviera el Estado orquestando y financiándolotodo con tus propios impuestos.

Parece descabellado, ¿verdad? Algo más propio de una novela que de la realidad. Eso es exactamente lo que pensó “Lisa Jones” cuando empezó a sospechar que su pareja desde hacia seis años podía ser un policía espía encubierto.

“Lisa”, ciudadana británica que ha preferido no hacer pública su identidad, es una de las mujeres afectadas en Reino Unido por haber mantenido relaciones, durante años, con hombres que realmente habían llegado a sus vidas para infiltrarse en su entorno activista.

Durante 40 años, 100 policías espías se han infiltrado en asociaciones ecologistas manteniendo relaciones personales

Hasta la fecha se sabe de, al menos, 10 mujeres que hayan descubierto haber mantenido relaciones sentimentales con alguno de los 100 agentes infiltrados. Durante cuarenta años, se estuvieron convirtiendo en falsos activistas para ayudar a desmontar las mismas protestas que ellos mismos ayudaban a organizar.

Una operación encubierta en curso desde 1968 de la que muy pocos agentes tenían conocimiento y que solo quedó al descubierto cuando Lisa se dio cuenta de que el hombre al que creía conocer mejor que nadie, no existía.

1. Mark Stone

Mark llegó a la vida de Lisa en otoño de 2003. En aquella época, acababa de irrumpir en la treintena y estaba muy metida en movimientos medioambientales, antipacitalistas y antinucleares.

Mark era un hombre de pelo largo, tatuado y fuerte, pero extremadamente encantador y amigable, con el que compartía sus preocupaciones políticas. El amor había surgido rápido y habían iniciado una relación que acabó durando siete años.

Juntos iban a escalar, montaban en bici y viajaban por el mundo. Mark estaba perfectamente integrado en su grupo de amigos y familia. Tanto que, cuando su padre murió, él estuvo sentado junto a los dolientes.

Cuando su padre murió, fue él quien la consoló

“Él fue quien me abrazó cuando me pasé la noche entera llorando y fue él quien me ayudó a levantarme a la mañana siguiente”, declaraba Lisa recientemente al periódico inglés The Guardian.

A medida que los años pasaban, Mark hasta se ganó cierta buena reputación como activista medioambiental.

De vez en cuando, tenía que marcharse por trabajo, hasta un máximo de tres meses, pero la pareja seguía en contacto regular a través de llamadas, mails y mensajes de texto.

2. Crisis nerviosa

En otoño de 2009, Mark empezó a comportarse de forma extraña. Hasta ese momento, se había mostrado como una persona enérgica y alegre pero, ahora, estaba nervioso y distante. Incluso había días en los que no salía de la cama.

En aquellos duros momentos, Lisa se mantuvo siempre a su lado, preocupada por su estado mental y dándole su apoyo incondicional.

De repente, de ser una persona enérgica pasó a estar deprimido. Parecía otra persona

Mark estaba paranoico, decía que la policía había registrado su casa tras haber sido detenido en una protesta y tenía miedo de que lo estuvieran investigando.

Hasta que un día anunció que se iba a Estados Unidos a visitar a su hermano y no volvió.

3. Mentiras

A principios de 2010, Mark reapareció en la vida de Lisa, sin embargo, había cambiado para siempre. Ahora era volátil y tenía cambios de humor. Parecía perdido pero retomó sus labores activistas y la relación con Lisa.

Aunque, a falta de una explicación para su comportamiento, empezó a sospechar.

“Siempre había tenido cierto aire misterioso. Sabía que había algo que algún día iba a tener que contarme”.

La pareja se encontraba viajando en furgoneta por Italia cuando, aprovechando un descuido, Lisa buscó entre sus pertenencias y encontró el pasaporte de un tal Mark Kennedy. Sin embargo, lo que hizo que su estómago se encogiera fue leer unos emails en el que dos niños lo llamaban “papá”.

“Solo recuerdo que, de repente, sentí que el mundo estaba muy lejos. Que las montañas palpitaban y se mecían. No dormí. Vi amanecer sintiéndome enferma”.

En un pasaporte escondido encontró que Mark Stone se llamaba, en realidad, Mark Kennedy

Cuando, finalmente, sacó fuerzas para confrontarlo, Mark le contó una inverosímil historia sobre cómo, en el pasado, se había dedicado a pasar droga. Sobre cómo, después de ver morir a su socio, había prometido cuidar de sus hijos, quienes ahora pensaban que era su padre biológico.

Mark lo contaba con tal emoción y lloró tanto que, a pesar de lo hollywoodensede su historia, Lisa lo creyó.

4. Mark Kennedy

Aún así, algo no cuadraba. Lisa pidió ayuda a sus amigos y, tras constatar que, efectivamente, la partida de nacimiento de Mark Stone no existía, fueron a pedirle explicaciones.

Finalmente, tras muchas horas de conversaciones insistentes, consiguieron que confesara: efectivamente, era un policía espía encubierto y había estado pasándole información a la policía sobre ellos y sus actividades políticas desde el principio.

Solo entonces Lisa entendió el motivo de aquella crisis nerviosa de 2009 y su posterior huida: sus superiores lo habían apartado de la misión y lo habían relegado a un puesto de oficina. Puesto que rechazó para empezar a trabajar para una empresa privada para la que desempeñaba la misma actividad.

Lisa no fue su única víctima. Durante sus años como falso activista, Kennedy mantuvo relaciones con otras mujeres aunque, posteriormente, él negaría que fueran tantas y declararía haber estado profundamente enamorado de Lisa.

Sin embargo, a día de hoy, ella aún sigue preguntándose quién fue aquel hombre. Dándole vueltas al pasado, tratando de discenir lo qué fue real y lo qué no, si es que lo hubo…

Una relación dirigida y autorizada por la policía que le ha dejado secuelas emocionales de por vida.

Durante 7 años tuvo una relación dirigida y planificada por el Estado

Una experiencia que otras seis mujeres más han denunciado y a las que el pasado viernes, después de cinco años, la policía británica acabó pidiendo perdón públicamente y a las que compensará económicamente.

Unas disculpas que Lisa ha aceptado. Aunque nunca subsanará el daño de haber sido espiada hasta el recoveco más íntimo y personal de su vida.